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Surinam


Después de cruzar el río Maroni y así dejar atrás la Guayana Francesa, estoy pisando suelo de este país por primera vez.
Aquí encuentro que la gente es simpática y los precios son más ventajosos que en la Guayana Francesa. Los hoteles están muy bien, la comida es un lujo y en las horas de punta el tráfico de Paramaribo es imposible.



El camino para llegar a la capital fue duro porque la carretera se encuentra en construcción; como curiosidad comento que debido a la vegetación de la zona los ríos y otros cursos más pequeños llevan agua clara con tonalidad negra. 

Era viernes a la tarde cuando cruzamos el impresionante puente que cruza el río Surinam y entramos a la ciudad principal.
Para muchos había empezado el fin de semana, y era evidente como los hombres que salían del trabajo se reunían en los bares o en la puerta de los almacenes que vendían licor para beber.
Bebieron por la tarde y por la noche estaban cocinados durmiendo la mona mientras las muchachas, desesperadas por pasarlo bien, andaban por allí; con ese panorama demás esta agregar que la juerga de Paramaribo está muy bien.

Sin dormir es muy difícil salir a hacer turismo, pero así es la vida del viajero que tienen que sacar fuerza de cualquier lado para ponerse en marcha. En la mañana caía una hermosa lluvia que sin llegar a empapar cargaba de energía el cuerpo, solo el cuerpo porque el alma brillaba con los recuerdos de una noche de Hollywood. Por aquí situaciones de este tipo están al alcance de todos aquellos que no les preocupe la raza de la gente con que está de marcha.

“No discrimines, tampoco te subestimes y sé feliz”

Además, de todo lo bueno que les comenté de por aquí, quien llega para pasar más tiempo debe saber que hay tours para ver los delfines, hacer caminatas en la selva, pasear en bicicleta o navegar en piragua.


El centro histórico de la ciudad, bien merecido tiene haber sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Junto al río hay un fuerte de 1667, que se puede visita, el Parlamento es precioso y detrás de este edificio de época hay un palmeral maravilloso, que no tengo duda que es uno de los más bonitos del mundo.
La arquitectura en madera es una belleza incluso en aquellos edificios que perdieron la batalla contra el tiempo y si están viniendo abajo. Solo con ver la catedral construida en el siglo XIX completamente del material recién mencionado compensa el esfuerzo del viaje. En Surinam hay más iglesias de este tipo, también,  hay muchas mezquitas y templos de otras religiones. 




Información

Para viajar rumbo a la frontera con Guyana, y allí poder coger el ferry que cruza el río hay que conseguir el número de teléfono de las personas que que conducen los taxis de larga distancia que recogen a los pasajeros en la madrugada.


En el mapa que aparece a continuación la línea de color lila marca mi recorrido a través de Surinam y el globo del mismo color indica la posición de Paramaribo ciudad capital

* Surinam

Guayana Francesa

Dos visitas: en el año 1991 y en marzo del año 2012

Primera Parte

Fue hace mucho tiempo cuando escapando de pagar un boleto de 1700 dólares, para llegar desde Argentina a Italia, subí por Sudamérica, en el afán de abaratar el billete. Y como ya lo dije en la presentación de “Brasil, costa norte”, logré viajar desde Cayena, capital de Guayana Francesa, a París por 250 dólares sin conseguir rebajar demasiado los gastos. De todas maneras esto último no era muy importante porque lo único que quería era no dejarme estafar con el precio inicial del pasaje.

Llegar hasta allí no fue nada fácil, pero el sabor de ir venciendo dificultades hizo que sea un viaje fantástico. Crucé el río Oyapoque, frontera natural entre Brasil y Guayana; recuerdo que el cause y su caudal intimidaban, pero mucho más lo hacía la canoa de motor que me llevaba. Estos no son hechos recientes, era 1991, hoy hay un puente para cruzar el río y, además, desde el año 2004 desde Saint Georges, el primer pueblo francés después del río, hay un camino que lleva a la capital. Mientras que cuando yo estuve por allí no había prácticamente nada. El pueblo tenía una calle con un puñado de casas y una acogedora taberna, donde empecé a buscar información para viajar a la capital. De inmediato conseguí una solución que me parecía un poco costosa, pero me gustaba porque ya palpaba la aventura. La mayoría hablaba solo francés y no me entendían, pero encontré un señor, que hablaba brasileño, me quitó la ilusión y sin ánimo de exagerar demasiado, tal vez, me salvó la vida. Porque la barca que iba a coger y llevaba clandestinos entrados desde Brasil —yo no lo sabía—, salía por el río, entraba al mar de noche y desafiaba olas tremendas, de esas capaces de estrellar las frágiles embarcaciones contra los arrecifes y hacer que muera el pasaje y los tripulantes, cosa que sucedía a menudo. ¿Y entonces cómo hago para viajar hasta la capital? —Le pregunté a este señor. Todos los días a las tres de la tarde llega un avión que regresa de inmediato a Cayena; usted se puede ir en él —fue su respuesta. Entonces comí y luego fui camino al aeropuerto. Qué gracioso, el sendero que llevaba a la terminal era estrecho e incapaz de permitir que 3 personas vayan de charla. Llegué en horario y encontré una casucha delante  de una pista corta y angosta donde no faltaba maleza, ni baches. 
Silencio y desolación en un paisaje extraño  en el que  no había ninguna otra alma. Por el estado de lo poco que había incluso dudaba de que allí llegasen aeroplanos.
Debía llegar a las 3 p.m., y recién a las 4 p.m., comenzaron a llegar algunas personas. Les pregunté cosas… y dijeron haber llegado a esa hora porque el avión nunca llegaba con menos de una hora de retraso. 
Efectivamente; apareció a las 5 p.m., descargó pasajeros, los que estábamos esperando; pagamos, subimos y de inmediato despegamos. 
Era una avioneta de 8 puestos, viajaba a muy baja cuota y cómo se movía la desgraciada. Subía y bajaba, como yo ni siquiera sabía que era posible hacerlo. De todas maneras, no daba miedo e incluso pude ver algunas curiosas telas de arañas que cubrían varios árboles. 


Llevaba días escuchando hablar de tarántulas; desde el avión vi su habitad y en Cayena las vi embalsamadas del tamaño de una baldosa. Había marrones y negras y sin excepción eran muy  impresionantes.


Souvenir de araña embalsamada 

La capital en esa época era muy pequeña y tenía un barrio de ilegales donde conseguí alojamiento a buen precio. La playa era divertida y las olas siempre estaban furiosas. Hoy por ser la Guayana Francesa el lugar desde donde las agencias espaciales europeas ponen en órbita sus satélites hay bastante más movimiento.  


 Puesta en órbita de un satélite 

Regresando a los tiempos de mi visita les comento que, además, de alguna excursión a la selva, que lógicamente no hice porque después de tanta jungla estaba yo para hacer ese tipo de paseos, se podía visitar la Isla del Diablo, ubicada a 11 km de tierra firme, donde desde 1852 hasta 1938 llegaron más de 80.000 prisioneros, y debido a las terribles condiciones de la isla, la mayoría de ellos nunca volvieron a ser vistos. La única forma de escapar era con bote, y luego debían superar una selva impenetrable, por lo que no se sabe cuántos convictos lograron escapar.
Hay algunos supervivientes que han dejado relatos de los horrores del penal, entre ellos se encuentra:

· El autor de Papillon, Henri Charrière.
· El famoso capitán Alfred Dreyfus.

 Olas bravas en Cayena
 Imagen arerea de la Isla del diablo, en la Guayana Francesa


Desde el sur hacia el norte los banderines amarillos que aparecen en el mapa marcan mi recorrido final en Sudamérica antes de volar rumbo a Francia en 1991 y los banderines celestes marcan el resto de recorrido en marzo del año 2012. 


Segunda parte

Mi blog es relativamente nuevo; juntos crecemos y juntos mejoramos. Ustedes con su visitas me entregan su confianza y yo intento equilibrar la balanza con mi trabajo. 
Las variantes sirven para que una misma cosa no canse y quien escribe, en el afán de no aburrir, permanentemente, inserta nuevas variantes. En este caso me las arreglé para  volver a visitar la Guayana Francesa, y así conseguir un nuevo material.  

El puente que les dije que había, pues está, pero no va a funcionar hasta que Brasil no termine en enlace para llegar hasta el que cruza el río.

Agregando nuevas, les comento que los lanzamientos se hacen desde Kourou a 70 km de Cayenne y si es de noche en la capital colocan una pantalla gigante para que vean el lanzamiento.
Me comenta la gente que es maravilloso, porque uno ve el despegue en la pantalla y milésimas de segundos después el cielo comienza a ponerse claro y   el cohete aparece ganando altura el cielo por encima de la pantalla antes mencionada.

Veo en sus ojos que la emoción toca el infinito; muchos son expertos y no faltan los que dan detalles importantes o comentan cual las diferencia entre un lanzamiento de una Agencia Espacial rusa y una europea (ESA).

Cada vez que repito una visita me doy cuenta, que en la  anterior oportunidad me quedaron cosas por ver. Por esa razón, no importa cuantas veces recorras un país, siempre te faltará algo por conocer.

La vez anterior estaba por razones económicas desde Cayena estaba obligado a viajar a Europa y en esta oportunidad obligado por mi orgullo estoy obligado a seguir hacia Surinam y Guayana Británica, los únicos dos países de todo el continente que no conozco.
Rumbo al norte, pasó por Kourou, la ciudad espacial y desde allí continúo rumbo al río Maroni, frontera natural entre Guayana Francesa y Surinam. En el ángulo que forma el cause recién mencionado y el océano Atlántico se encuentra la localidad de Awala-Yalimapo, en cuyas playas depositan sus huevos las maravillosas tortugas marinas.


Para cruzar al país vecino tenemos que llegar a esta pintoresca localidad fundada en el año 1858, como un punto de llegada de prisioneros que luego en algunos casos iban transferido a la Isla del Diablo. Hay un tour guiado que habla de los horrores del  Camp de la transportation y muestra grilletes, celdas, lugares de ejecución de prisioneros y otros.

Aquí hay solo 2 hoteles que rondan el mismo precio, son muy caros para lo que ofrecen. Tenía que elegir y unas muchachas con evidente ganas de diversión en un local de las proximidades decantaron mi elección. De todas maneras creía que debía haber escogido el otro, pero estaba equivocado, porque esa misma noche haciendo tiempo para salir de juerga conversé, de forma amena, con un señor que al día siguiente cuando me presenté en el consulado descubrí que era el cónsul de Surinam. Era viernes y yo ya había asumido perder 400 euros y cuatro días más allí, pero este nuevo amigo, agilizó el tramite que en lugar de demorar 2 días habiles más el día de presentacióndel formulario tardó solo 3 minutos. 

Antes de marchar de Guayana Francesa quiero destacar que la policía es muy amable y ejerce un control estricto y permanente, cosa que veo excelente. 

Este es un lugar que reune a personas de distintas razas y nacionalidades donde cada uno ocupa su nivel y entre estos niveles hay un avismo infranqueable. De esta forma lo veo y, por esa razón, ruego por el equilibrio social y la desaparición de la discriminación racial. 

Imágenes del cruce de la Guayana Francesa entrando desde Brasil y saliendo rumbo a Surinam en marzo del año 2012.



Gracias por llegar hasta aquí, saludos cordiales y hasta la próxima.