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Brasilia Distrito Federal do Brasil

Cuando las personas piensan en Brasil, de inmediato, su mente vuela rumbo a los grandes mitos del turismo: Río de Janeiro, las playas del refinado sur o las arenas del norte que son bañadas por las cálidas aguas del Atlántico; pero muy pocos encuentran motivos para pensar en esta ciudad que se comenzó a construir en 1956, con Lúcio Costa como principal urbanista y Oscar Niemeyer como principal arquitecto. Finalizadas las obras, en el año 1960, fue nombrada capital de Brasil y desde el año 1987 pertenece al Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO. 
Mi inquietud por venir aquí, surge de que yo conocía todas las ciudades importantes de América menos esta —cuando digo América me refiero al continente completo de Ushuaia a Alaska—, entonces, me dije: “Tienes que ir a verla”. Y hoy me siento muy afortunado de haberlo hecho.
Este lugar es distinto de todos los que había visto; es una urbe que sin duda ofrece a sus habitantes calidad de vida. Grandes avenidas, mucho verde, un lago maravilloso, un buen sistema de transporte urbano y otros… hacen que Brasilia sea un lujo.
Para los ansiosos, esos que no paran hasta haberlo visto todo, con un día completo en la ciudad tienen suficiente —yo voy a estar tres—. Quien lo haga andando, como es mi caso (7 horas de marcha), debe estar en buen estado de forma y tener en cuenta la temperatura y la probabilidad de lluvia. De todos modos, las comodidades están para ser utilizadas y quien lo prefiera sepa que puede montar en el autobús turístico que lo llevará en su terraza a recorrer la ciudad.
La forma más sencilla de iniciar el recorrido es subir a La Torre de la T.V., para echar un amplio vistazo antes de organizar el paseo que debe incluir lugares como: el nuevo estadio destinado a recibir el próximo mundial de fútbol, todavía en fase de construcción, el Museo Nacional, la moderna Catedral de Brasilia, los edificios de los Ministerios, el Parlamento y el puente J.K. sobre el lago de Palanca.

Se recomienda ampliar las imágenes que aparecen a continuación con la modalidad pantalla completa ubicada en botón de abajo a la derecha del set.




La ciudad tiene la forma de un ancla que termina en el lago recién mencionado. El mango de ese ancla está elevado y, esa razón, hace que cuando entramos a Brasilia (de oeste a este) de la manera que marco en color amarillo en el siguiente mapa; delante de nosotros, debido a la pequeña depresión que origina el lago, tenemos una panorámica de más de 180 grados de la ciudad, Esto es único, maravilloso y de noche las luces realzan su encanto.

Yo no salí de fiesta en este sitio —algún día regresaré a echar un baile— de todas maneras, por la abundante cantidad de jóvenes, y no tan jóvenes, que vi abandonar la noche cuando ya estaba bien entrada la mañana o incluso pasado el medio día del domingo, creo que aquí hay buena juerga.

Guayana Francesa

Dos visitas: en el año 1991 y en marzo del año 2012

Primera Parte

Fue hace mucho tiempo cuando escapando de pagar un boleto de 1700 dólares, para llegar desde Argentina a Italia, subí por Sudamérica, en el afán de abaratar el billete. Y como ya lo dije en la presentación de “Brasil, costa norte”, logré viajar desde Cayena, capital de Guayana Francesa, a París por 250 dólares sin conseguir rebajar demasiado los gastos. De todas maneras esto último no era muy importante porque lo único que quería era no dejarme estafar con el precio inicial del pasaje.

Llegar hasta allí no fue nada fácil, pero el sabor de ir venciendo dificultades hizo que sea un viaje fantástico. Crucé el río Oyapoque, frontera natural entre Brasil y Guayana; recuerdo que el cause y su caudal intimidaban, pero mucho más lo hacía la canoa de motor que me llevaba. Estos no son hechos recientes, era 1991, hoy hay un puente para cruzar el río y, además, desde el año 2004 desde Saint Georges, el primer pueblo francés después del río, hay un camino que lleva a la capital. Mientras que cuando yo estuve por allí no había prácticamente nada. El pueblo tenía una calle con un puñado de casas y una acogedora taberna, donde empecé a buscar información para viajar a la capital. De inmediato conseguí una solución que me parecía un poco costosa, pero me gustaba porque ya palpaba la aventura. La mayoría hablaba solo francés y no me entendían, pero encontré un señor, que hablaba brasileño, me quitó la ilusión y sin ánimo de exagerar demasiado, tal vez, me salvó la vida. Porque la barca que iba a coger y llevaba clandestinos entrados desde Brasil —yo no lo sabía—, salía por el río, entraba al mar de noche y desafiaba olas tremendas, de esas capaces de estrellar las frágiles embarcaciones contra los arrecifes y hacer que muera el pasaje y los tripulantes, cosa que sucedía a menudo. ¿Y entonces cómo hago para viajar hasta la capital? —Le pregunté a este señor. Todos los días a las tres de la tarde llega un avión que regresa de inmediato a Cayena; usted se puede ir en él —fue su respuesta. Entonces comí y luego fui camino al aeropuerto. Qué gracioso, el sendero que llevaba a la terminal era estrecho e incapaz de permitir que 3 personas vayan de charla. Llegué en horario y encontré una casucha delante  de una pista corta y angosta donde no faltaba maleza, ni baches. 
Silencio y desolación en un paisaje extraño  en el que  no había ninguna otra alma. Por el estado de lo poco que había incluso dudaba de que allí llegasen aeroplanos.
Debía llegar a las 3 p.m., y recién a las 4 p.m., comenzaron a llegar algunas personas. Les pregunté cosas… y dijeron haber llegado a esa hora porque el avión nunca llegaba con menos de una hora de retraso. 
Efectivamente; apareció a las 5 p.m., descargó pasajeros, los que estábamos esperando; pagamos, subimos y de inmediato despegamos. 
Era una avioneta de 8 puestos, viajaba a muy baja cuota y cómo se movía la desgraciada. Subía y bajaba, como yo ni siquiera sabía que era posible hacerlo. De todas maneras, no daba miedo e incluso pude ver algunas curiosas telas de arañas que cubrían varios árboles. 


Llevaba días escuchando hablar de tarántulas; desde el avión vi su habitad y en Cayena las vi embalsamadas del tamaño de una baldosa. Había marrones y negras y sin excepción eran muy  impresionantes.


Souvenir de araña embalsamada 

La capital en esa época era muy pequeña y tenía un barrio de ilegales donde conseguí alojamiento a buen precio. La playa era divertida y las olas siempre estaban furiosas. Hoy por ser la Guayana Francesa el lugar desde donde las agencias espaciales europeas ponen en órbita sus satélites hay bastante más movimiento.  


 Puesta en órbita de un satélite 

Regresando a los tiempos de mi visita les comento que, además, de alguna excursión a la selva, que lógicamente no hice porque después de tanta jungla estaba yo para hacer ese tipo de paseos, se podía visitar la Isla del Diablo, ubicada a 11 km de tierra firme, donde desde 1852 hasta 1938 llegaron más de 80.000 prisioneros, y debido a las terribles condiciones de la isla, la mayoría de ellos nunca volvieron a ser vistos. La única forma de escapar era con bote, y luego debían superar una selva impenetrable, por lo que no se sabe cuántos convictos lograron escapar.
Hay algunos supervivientes que han dejado relatos de los horrores del penal, entre ellos se encuentra:

· El autor de Papillon, Henri Charrière.
· El famoso capitán Alfred Dreyfus.

 Olas bravas en Cayena
 Imagen arerea de la Isla del diablo, en la Guayana Francesa


Desde el sur hacia el norte los banderines amarillos que aparecen en el mapa marcan mi recorrido final en Sudamérica antes de volar rumbo a Francia en 1991 y los banderines celestes marcan el resto de recorrido en marzo del año 2012. 


Segunda parte

Mi blog es relativamente nuevo; juntos crecemos y juntos mejoramos. Ustedes con su visitas me entregan su confianza y yo intento equilibrar la balanza con mi trabajo. 
Las variantes sirven para que una misma cosa no canse y quien escribe, en el afán de no aburrir, permanentemente, inserta nuevas variantes. En este caso me las arreglé para  volver a visitar la Guayana Francesa, y así conseguir un nuevo material.  

El puente que les dije que había, pues está, pero no va a funcionar hasta que Brasil no termine en enlace para llegar hasta el que cruza el río.

Agregando nuevas, les comento que los lanzamientos se hacen desde Kourou a 70 km de Cayenne y si es de noche en la capital colocan una pantalla gigante para que vean el lanzamiento.
Me comenta la gente que es maravilloso, porque uno ve el despegue en la pantalla y milésimas de segundos después el cielo comienza a ponerse claro y   el cohete aparece ganando altura el cielo por encima de la pantalla antes mencionada.

Veo en sus ojos que la emoción toca el infinito; muchos son expertos y no faltan los que dan detalles importantes o comentan cual las diferencia entre un lanzamiento de una Agencia Espacial rusa y una europea (ESA).

Cada vez que repito una visita me doy cuenta, que en la  anterior oportunidad me quedaron cosas por ver. Por esa razón, no importa cuantas veces recorras un país, siempre te faltará algo por conocer.

La vez anterior estaba por razones económicas desde Cayena estaba obligado a viajar a Europa y en esta oportunidad obligado por mi orgullo estoy obligado a seguir hacia Surinam y Guayana Británica, los únicos dos países de todo el continente que no conozco.
Rumbo al norte, pasó por Kourou, la ciudad espacial y desde allí continúo rumbo al río Maroni, frontera natural entre Guayana Francesa y Surinam. En el ángulo que forma el cause recién mencionado y el océano Atlántico se encuentra la localidad de Awala-Yalimapo, en cuyas playas depositan sus huevos las maravillosas tortugas marinas.


Para cruzar al país vecino tenemos que llegar a esta pintoresca localidad fundada en el año 1858, como un punto de llegada de prisioneros que luego en algunos casos iban transferido a la Isla del Diablo. Hay un tour guiado que habla de los horrores del  Camp de la transportation y muestra grilletes, celdas, lugares de ejecución de prisioneros y otros.

Aquí hay solo 2 hoteles que rondan el mismo precio, son muy caros para lo que ofrecen. Tenía que elegir y unas muchachas con evidente ganas de diversión en un local de las proximidades decantaron mi elección. De todas maneras creía que debía haber escogido el otro, pero estaba equivocado, porque esa misma noche haciendo tiempo para salir de juerga conversé, de forma amena, con un señor que al día siguiente cuando me presenté en el consulado descubrí que era el cónsul de Surinam. Era viernes y yo ya había asumido perder 400 euros y cuatro días más allí, pero este nuevo amigo, agilizó el tramite que en lugar de demorar 2 días habiles más el día de presentacióndel formulario tardó solo 3 minutos. 

Antes de marchar de Guayana Francesa quiero destacar que la policía es muy amable y ejerce un control estricto y permanente, cosa que veo excelente. 

Este es un lugar que reune a personas de distintas razas y nacionalidades donde cada uno ocupa su nivel y entre estos niveles hay un avismo infranqueable. De esta forma lo veo y, por esa razón, ruego por el equilibrio social y la desaparición de la discriminación racial. 

Imágenes del cruce de la Guayana Francesa entrando desde Brasil y saliendo rumbo a Surinam en marzo del año 2012.



Gracias por llegar hasta aquí, saludos cordiales y hasta la próxima.

Viaje al carnaval de Río

En una oportunidad estaba dando un giro sobre Sudamérica mientras iba calculando los desplazamientos para llegar a Río de Janeiro a tiempo para disfrutar del carnaval. Por esa razón, con pena abandoné una situación maravillosa en una playa del Caribe colombiano y crucé Venezuela, pero antes de dejar el territorio de este último país comenzaron las curiosidades. En Santa Elena de Uairen, último pueblo antes de entrar en Brasil, funcionaba un activo comercio de compra y venta de diamantes que enrarecía en ambiente. Había figuras muy pesadas, estaba lleno de desalmados y un lugareño me dijo: “Si usted no está metido en el rollo para que se va a quedar aquí a pasar la noche”.

Así fue, no estaba en el negocio, por allí no eran bienvenidos los desconocidos y varios se habían interesado por mi situación en el pueblo, entonces, cogí el consejo y crucé la frontera. Del otro lado un taxi de larga distancia me llevó hasta la ciudad de Boa Vista. En aquella época, estoy hablando de 1988, tenía más de un millón de habitantes y no había una sola calle con asfalto. En el hotel conocí a 2 muchachas inglesas magníficas y con ellas estuve recorriendo el sitio. Allí también fue increíble, había almacenes que vendían todos los elementos para colar las aguas en busca de oro y en todas las tiendas tenían balanzas y aceptaban los pagos con trocitos de metal precioso. La situación se salía de lo común, pero no parecía anormal, hasta que las inglesas conocieron a un piloto de un avión ultraligero que llevaba a los garimperiros (buscadores de oro) a las zonas de trabajo y nos contó un puñado de situaciones donde sin excepciones todas terminaban en asesinatos. No había duda de que lo que decía era cierto y a confirmarlo fueron mis compañeros de autobús en el que viajamos de Boa Vista a Manaos. La mayoría de ellos regresaba después de buscar garimpeiros desaparecidos o a reconocer el cadáver de alguno que había venido a buscar fortuna con el oro.


Sin leyes, ni reyes; en aquellos tiempos así estaba la famosa ciudad que se levanta en la confluencia del río Amazonas con el Río Negro, donde había muchas oportunidades y la vida en algunos ambientes no valía nada. Por fortuna, días pasados en Tabatinga, a unos cientos de km amazonas  arriba un señor de la ciudad que estaba por negocios por allí me dijo que en Manaos las cosas habían mejorado mucho. Les recuerdo que Manaos fue una ciudad riquísima en los primeros tiempos del caucho. En su ópera cantó el mismísimo Caruso y la clase acomodada tenía por costumbre encender los puros con llamas de billetes.
Otras curiosidades más actuales, en este caso, de mi trayecto anterior sobre el bus son que cruzamos por algunos puentes de troncos que todavía no me explico como lo conseguimos y, además de eso, nos detuvimos en un monumento que recordaba a unos sacerdotes, asesinados por los mismos indios a los que llegaron para civilizar.

En Manaos embarqué con destino a Belém, 4 días completos navegando aguas abajo el río Amazonas que se pasaron de forma amena. Viajábamos unos 200 pasajeros que se iban renovando, cada uno había colgado su hamaca y allí dormía hasta que lo despertaba el alba. Todavía recuerdo con alegría los rostros de los compañeros de viaje.
Tenía que acelerar porque el carnaval se acercaba deprisa y, además, a pesar de que todo valía muy poco yo había exagerado con los gastos. Entonces, con mucha pena en Belém vendí la cámara fotográfica y abordé un autobús rumbo a Río de Janeiro. 55 horas de viajes daban para todo, recuerdo que incluso conseguí novia.

Cuando llegamos a la laguna y el bus cogió el puente que une Niteroi a Rió de Janeiro, la vista era preciosa; entonces, recuerdo que aspiré profundo y relajado y a la vez excitado repetí en varias oportunidades: "¡Por fin estoy aquí!"

Río recibe al visitante, con sus playas y sus famosos barrios costeros: Copacabana, Botafogo, Ipanema y Flamengo. Yo siempre paro en este último porque está cerca del centro y la arena. 

Subir al Cristo para admirar la ciudad, la bahía y el famoso Pan de Azúcar es típico. Además de eso hay un puñado de excursiones a disposición, e incluso es posible conseguir un guía que les lleve de visita a una favela.



Para disfrutar del siguiente corto, que trata del carnaval de Río, se recomienda agrandar la pantalla


El carnaval de Río se vive en las calles, los clubes y se define en el sambodromo donde desfilan las escuelas que cuentan, cada una, con unos 3000 integrantes y media docena de carros alegóricos para ser evaluadas.  

Un puñado de días frenéticos en los que, al menos una vez, tomando las precauciones necesarias, todos deberíamos participar.

A continuación aparecen otros enlaces de este mismo blog que conducen a otros sitios de Brasil:


Brasil, la costa norte


Es un paraíso situado a 190 km al noreste de Río de Janeiro, más precisamente en una península de unos diez kilómetros de longitud, que a pesar de su pequeña dimensión, la irregularidad de su geografía le permite albergar un par de decenas de playas de características variadas. Las hay con aspecto salvaje, otras sumergidas en vegetación; algunas presentan solo rocas o piedras de colores y destacan las de arena dorada. Las playas del norte se caracterizan por la calma de sus aguas y las de la punta sur son las preferidas por los surfistas. 
Brigitte Bardot
Nació como una villa de pescadores que en los años sesenta comenzó a ponerse de moda gracias a la llegada de grandes personajes de la talla de la célebre artista francesa Brigitte Bardot. Hoy la ciudad recuerda a la artista con una bella estatua sobre la orla que lleva su nombre. Buzios es un lugar de encuentro donde calles empedradas, casas antiguas, excelentes restaurantes que ofrecen cena show y algunas sucursales, pobres, de las grandes discotecas de Ibiza forman un buen grupo que saca adelante la fiesta. Además de eso en La zona se pueden realizar todo tipo de actividades marinas, los residentes son muy agradables y hay una buena energía positiva.



Antigua capital de Brasil; si llegamos a la ciudad en avión, un día de buena visibilidad, vamos a ver como las casas envuelven a una sucesión de montes redondeados llamados morros pintan un hermoso cuadro.
A pesar de que se recomienda parar en la zona del centro junto a la playa, por allí de día y de noche hay un ambientazo, yo me hospedé en el casco viejo de Pelourinho, un lugar rico en arquitectura barroca portuguesa declarado patrimonio de la UNESCO cuya historia comienza: en 1549, con la fundación de la ciudad. Quiero que sepan que no a todos les gusta esta parte de Salvador. Pero nadie puede negar que el sitio sea muy bonito y sin duda el rechazo está directamente relacionado con la seguridad. De todos modos, en compañía y con cuidado no deberían tener problemas. En el barrio abunda la buena comida, la gente vestida con ropa de época, los ensayos de capoeira, la percusión es parte de su vida y aquí todo el año es carnaval.
Calle del casco antiguo de Salvador de Bahía
Morro de San Paulo

Desde el embarcadero de Salvador de Bahía se puede viajar a este lugar de moda que se encuentra a 80 km de distancia, posee playas hermosas y piscinas de mar preciosas. A quien llegue en barco, porque también hay aero-taxi, la emoción le espera a pasos del muelle; ya que cruzar bajo el portal que pertenece a la fortaleza del morro levantada por holandeses en el siglo XVII, es capaz de erizar los bellos. Dentro del recinto el pueblo que les recibe fundado en 1535 es casi tan viejo como el mismo Brasil. De noche hay mucha fiesta y el lugar es muy bonito. Pero para mi gusto hay demasiados extranjeros con apetencias distintas, iba a comparar con otros lugares pero me reservo por una cuestión de respeto.
Restos del  viejo fuerte del Morro de San Pablo


Es un lugar precioso y aislado de las grandes ciudades que se encuentra a 80 km al sur de Natal. El sitio cuenta con una callecita larga y una piña de casas, hoteles y restaurantes sobre la playa. De día las flores dan color y de noche las luces y la música se encargan de que no falte alegría. El sitio es pequeño, pero hay buenas olas, se puede hacer buceo y en la mañana los golfinhos, una especie de delfines más pequeños, deleitan a los madrugadores que se acercan a la playa. También hay tortugas marinas gigantes y otras excursiones muy bonitas, además, el hecho de que vivan muchísimos extranjeros en este lugar es una clara señal de que Pipa tiene algo que atrapa.



Es otro lugar de mucho sol, paraíso para varones solteros, con una playa llamada Ponta Negra donde se concentra todo lo que viene a buscar a Brasil el turista.
Pero si nuestra intención es alejarnos un poco del turismo podemos ir a la Playa de los Artistas sobre el paseo Marítimo o ir del otro lado del puente panorámico a la playa de Redinha que son lugares más frecuentados por gente local. La ciudad cuenta con una zona antigua patrimonio del país y un viejo fuerte hoy transformado en museo, además de eso esta el parque de las dunas y hay algunas excursiones importantes.


Playa de dunas  Natal


Con un paseo marítimo en auge es uno de los lugares preferidos por los residentes extranjeros en Brasil.
De noche el lugar ofrece música, color y diversión con mucha facilidad porque cuenta con la energía de gente maravillosa.





En los alrededores hay playas bonitas como Cumbuco que posee dunas hermosas y lugares como Jericoacoara: un pueblo de pescadores perdido al que solo se puede llegar en Buggi, que ofrece buena comida, espectaculares puestas de sol y otros. Hay más sitios cerca de Fortaleza, pero quien llegue sediento de juerga, como en mi caso, le va a costar mucho encontrar el tiempo libre para visitar más lugares de los mencionados.


 Cumbuco

Pueblo Jericoacoara
Los viajes son conocer lugares, pero más importantes que esto es vivir nuestras propias experiencias, por esa razón, quiero que sepan que Brasil es un sitio capaz de hacerles Dioses en este aspecto.


Esta presentación es fruto de varios viajes y en esta ciudad estuve dos veces, en la primera llegué en avión desde Río de Janeiro para cruzar el río Amazonas y seguir hacia el norte a través de Amapá, último estado brasilero sobre la costa este. De la segunda vez también hablo en este blog bajo el título: “Viaje al carnaval de Río”. Volviendo a Belén, ciudad de edificios altos, que además conserva el centro histórico llamado ciudad vieja donde está la rua da ladeira, primera calle de la ciudad y la plaza que cuenta con un reloj inglés de los años 30 colocado sobre una torre de 12 metros. Otro lugar de interés en Belén es el Mercado Ver o Peso; creado en 1688 como resultado de la decisión de los portugueses de recaudar un impuesto para todo lo que entrara o saliese del Amazonas. La mezcla de colores, aromas y objetos, todavía hoy, es muy interesante.
Vista del Mercado Ver o Peso


Dije anteriormente que llegué a Belén para cruzar el río, pero fue mucho más que eso porque la ciudad donde iba dirigido está en el lado opuesto del delta del río Amazonas que tiene dimensiones considerables. No hay duro que no se ablande; con un servicio de barca y algunas horas llegué a la orilla norte, desembarqué y entre en Macapá. En aquella oportunidad estaba haciendo ese camino porque quería viajar de Argentina a Italia y el pasaje me costaba 1700 dólares y como consideraba el precio una injusticia, cosa que no tolero, iba subiendo Sudamérica en el intento de abaratar el precio. Pero más allá de que lo consiguiese o no lo haga, viajaba contento por haber evitado morder el anzuelo de ese costo absurdo del boleto. Era otra época y en la ciudad de Macapá descubrí que para viajar a Oiapoque, último pueblo sobre el río Oyapoque, frontera natural de Brasil con Guayanas había un solo servicio directo a la semana. Faltaban menos de 500 km y quienes viajamos siempre vamos para adelante evitando las demoras. Demás está decir que no había carretera; conseguí un transporte que después de 8 horas de viaje me descargó en una bifurcación del camino y allí a esperar. Dormir en la selva; sobre todo en una zona donde abundan las arañas gigantes no fue muy agradable.

Una misteriosa roca solitaria en medio de la selva 

Dos días mas tarde un camión que llevaba combustible me llevó a destino, recuerdo que subí sobre el tanque donde ya venía un puñado de personas, cuando llovía nos mojábamos y cuando no caía agua del cielo nos bañábamos con el barro que levantaban las ruedas. De todos modos; llegué, fue divertido y a todos aquellos que no le interese leer mi presentación de Guayanas, les comento que el pasaje de avión entre su capital Cayena y París, de la Torre Eiffel, por no ser un vuelo internacional a la época costaba 250 dólares, de todos modos gasté prácticamente lo mismo en llegar a Italia, destino final del viaje, pero las aventuras vividas y todo lo que he disfrutado me regalaron un saco de buenos recuerdos que forman parte de las ganancias de una vida vivida a la ligera.

Para finalizar les dejo el mapa que indica los puntos que hemos tocado.  Y recuerden que hay mucho más Brasil por descubrir esperando aparecer en futuras planificaciones de alguno de los viajes de ustedes.

Brasil, el norte

Costa norte para enamorados o para enamorarse 

Brasil, el sur


Este país es un lugar hermoso que lo tiene todo, pero más allá de sus paisajes y su infraestructura son las anécdotas de nuestro viaje que harán nacer y crecer el amor por esta tierra.

Esta presentación y las otras que hacen referencia a Brasil, en este blog, enlaza varios de mis recorridos por este país de Sudamérica. Todos los viajes dependen del tiempo y, quienes van sobrados, desde el sur hacia el norte pueden hacer la primera parada en Torres, por ejemplo, un lugar bonito, pero caro para lo que ofrece y, además, sus aguas son demasiado frías, para mi gusto. Yo recuerdo este lugar, pero hay muchas localidades por descubrir; solo que como es lógico la mayoría de nosotros vamos directo a las más importantes.

Una playa cerca de Torres



Es la capital del Estado de Santa Catarina y la parte más antigua y atractiva de la ciudad se encuentra en una isla unida al continente por dos líneas de tránsito de las cuales una: El puente colgante Hercílio Luz, con más de 800 metros de longitud construido al inicio del siglo pasado es una verdadera obra de arte. También lo es el centro histórico de esta ciudad pulcra y ordenada que tiene mucha marcha y cuenta con un número increíble de playas. 

Cebtro Historico de Florianópolis



Al norte de Florianópolis se encuentra esta ciudad donde el lujo y el glamour alcanza niveles de cine. Sus playas están entre la mejores de país, toda la zona es preciosa, abundan las excursiones y hay chiringuitos sobre la arena que ofrecen música y tragos para tocar el cielo.

 Playa en Bombinhas



Apartamentos de más de un millón de dólares, autos y embarcaciones de lujo abundan entorno a esta línea de rascacielos junto a la playa que luce maravillosa e incluso cuenta con un monte a sus espaldas para poder apreciar mejor el panorama.
De noche hay una hermosa concentración de gente tanto en su arteria pedestre, repleta de artistas que animan al pasante, como en la primera y segunda línea de playa. Además, de eso dependiendo de la época del año hay más o menos fiesta.


Panoramicas de Balneario Camboriu

Brasil, acaba de subir a la sexta posición en la escala de mejores economías del mundo, pero tiene una inflación que le supera y lo hace un sitio muy caro para mi gusto. Recuerdo en otra época cuando para gastar 100 dólares americanos por aquí había que combinar varias locuras, mientras que ahora esa cifra dura un abrir y cerrar de ojos. Creo que antes no era correcto y en la actualidad es exagerado.


Dicen que las famosas cataratas son argentinas, pero el balcón desde donde mejor se aprecia el espectáculo esta en el lado brasilero. El sitio es muy bonito y merece la pena llegar a la zona para disfrutar de la combinación paradisiaca que forman el cielo, el agua y la selva.

 Cataratas del Iguazú

Siguiendo por la costa van a pasar por Curitiba que es la ciudad más pulcra del país y un poco más al norte van a encontrar San Pablo, capital económica de Brasil y demasiado grande para hacer turismo. De todos modos, yo estuve allí un fin de semana para conocer la calidad de su juerga; la experiencia fue muy bonita y la recomiendo.

San PAblo

En el siguiente mapa aparece la ubicación de los lugares visitados en esta presentación