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Brasilia Distrito Federal do Brasil

Cuando las personas piensan en Brasil, de inmediato, su mente vuela rumbo a los grandes mitos del turismo: Río de Janeiro, las playas del refinado sur o las arenas del norte que son bañadas por las cálidas aguas del Atlántico; pero muy pocos encuentran motivos para pensar en esta ciudad que se comenzó a construir en 1956, con Lúcio Costa como principal urbanista y Oscar Niemeyer como principal arquitecto. Finalizadas las obras, en el año 1960, fue nombrada capital de Brasil y desde el año 1987 pertenece al Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO. 
Mi inquietud por venir aquí, surge de que yo conocía todas las ciudades importantes de América menos esta —cuando digo América me refiero al continente completo de Ushuaia a Alaska—, entonces, me dije: “Tienes que ir a verla”. Y hoy me siento muy afortunado de haberlo hecho.
Este lugar es distinto de todos los que había visto; es una urbe que sin duda ofrece a sus habitantes calidad de vida. Grandes avenidas, mucho verde, un lago maravilloso, un buen sistema de transporte urbano y otros… hacen que Brasilia sea un lujo.
Para los ansiosos, esos que no paran hasta haberlo visto todo, con un día completo en la ciudad tienen suficiente —yo voy a estar tres—. Quien lo haga andando, como es mi caso (7 horas de marcha), debe estar en buen estado de forma y tener en cuenta la temperatura y la probabilidad de lluvia. De todos modos, las comodidades están para ser utilizadas y quien lo prefiera sepa que puede montar en el autobús turístico que lo llevará en su terraza a recorrer la ciudad.
La forma más sencilla de iniciar el recorrido es subir a La Torre de la T.V., para echar un amplio vistazo antes de organizar el paseo que debe incluir lugares como: el nuevo estadio destinado a recibir el próximo mundial de fútbol, todavía en fase de construcción, el Museo Nacional, la moderna Catedral de Brasilia, los edificios de los Ministerios, el Parlamento y el puente J.K. sobre el lago de Palanca.

Se recomienda ampliar las imágenes que aparecen a continuación con la modalidad pantalla completa ubicada en botón de abajo a la derecha del set.




La ciudad tiene la forma de un ancla que termina en el lago recién mencionado. El mango de ese ancla está elevado y, esa razón, hace que cuando entramos a Brasilia (de oeste a este) de la manera que marco en color amarillo en el siguiente mapa; delante de nosotros, debido a la pequeña depresión que origina el lago, tenemos una panorámica de más de 180 grados de la ciudad, Esto es único, maravilloso y de noche las luces realzan su encanto.

Yo no salí de fiesta en este sitio —algún día regresaré a echar un baile— de todas maneras, por la abundante cantidad de jóvenes, y no tan jóvenes, que vi abandonar la noche cuando ya estaba bien entrada la mañana o incluso pasado el medio día del domingo, creo que aquí hay buena juerga.

Alaska

La bandera de Alaska muestra sobre su fondo azul, las estrellas que forman la constelación de la Osa Mayor, vigilada por la Estrella Polar, ubicada en el ángulo superior derecho.

Profesión viajero

En mi caso esta forma de vida me tiene entubado en un camino, del que cuando salgo siempre encuentro una excusa para regresar. Así, en el afán de nuevos descubrimientos vivo en un desafío permanente.
Ser viajero no es bueno, ni malo. Ser viajero implica abandonarlo todo al costado de la carretera para seguir adelante. Hay que dejar sin mirar atrás cosas como un amor, una posición, una mascota y tantas otras cosas…
De tanto mirar los mapas para estudiar los caminos —de los cuales muchos he recorrido— hoy puedo dibujar sin ningún tipo de ayuda la geografía de la tierra.
Si hay algo que respeto, al precio que sea, es mi palabra; por esa razón nunca planifico más allá de mis límites y siempre que me digo algo lo cumplo. Así fue que en el año 2009 llegué a Alaska.
Antes de presentar el sitio les voy a decir lo que pienso de un viaje en esta región del planeta:
Yo soy uno que viaja por el mundo en medios públicos, también, suelo hacer km andando y cuando era más joven solía hacer autostop.
Con este tipo de medios, sobre todo en verano, se puede visitar una Alaska: de glaciales, vegetación verde, agua de deshielo que canta y otras cualidades que la muestran muy parecida a la zona de los Alpes Suizos.
Hasta aquí llegamos los viajeros, pero hay otra Alaska donde, sobre todo, en invierno las dificultades se agigantan por las temperaturas extremas. A esta Alaska no llegan los medios convencionales y hay que utilizar: helicópteros, pequeños barcos rompehielos, en ocasiones canoas y en otras esquíes y raquetas de nieve.
Bueno ahora que ya saben que tipo de Alaska van a ver conmigo vamos a la presentación:

Es un estado americano, ubicado en el extremo superior oeste del continente, que se halla rodeado por los océanos Ártico y Pacífico; comparte frontera con Canadá, y está separado de Rusia por el estrecho de Bering. Cuando este último se congela hay una posibilidad de unir andando este continente con Asia. De esta manera, llegaron a América los primeros habitantes de la zona.

Mapa de Alaska, que incluye Canadá y Estados Unidos
Vista aérea de Juneau 
Es una capital pintoresca que solo en temporada de cruceros, (desde mediados de mayo a mediados de septiembre cuando los mares no están congelados), presenta actividad. Cuando bajan los pasajeros la calle del puerto bulle y los hidroaviones que llevan a los turistas a ver el glacial y el espectáculo de los salmones remontando el río para desovar, aterrizan y despegan sin cesar. 
Los gigantes de los mares llegan y van, así es que cuando cae la noche baja mucho la temperatura y la ciudad presenta muy poca actividad, de todos modos hay un par de sitios divertidos.
Paisaje de Juneau
La comida en Alaska es estupenda y antes de que dejemos la ciudad les voy a contar una curiosidad: Era medio día cuando cogí un taxi fuera del aeropuerto que me llevó hasta un albergue. Una casa preciosa en la parte alta de la ciudad con unas vistas maravillosas, pero no había actividad. Entonces me acerqué a la entrada donde encontré un papel pegado al vidrio de la puerta donde se leía: “Cerrado de 1 a 5 p. m. Detrás hay un cobertizo y quien lo desee puede dejar sus cosas allí”. Pensé: “Que extraño un lugar de este tipo que cierre al mediodía”. Sin alternativas dejé mis cosas y fui a buscar un local donde comer. De inmediato descubrí que el lugar es hermoso, sus flores divinas, los precios están bien acomodados y el salmón asado de por allí con salsa picante es exquisito.
Pasó el tiempo, regresé, cogí mis cosas y me registré, pero cuando llegó el momento de pagar —el sitio era divino y el precio era inferior al monto que se debería dejar de propina— la señorita me dijo: “Aquí se abona día por día, porque de esta manera le puedo asignar su tarea”. Entonces puse cara de no entender nada y ella apresuró una explicación: “La casa fue donada para que se haga un hotel de bajo costo que facilite la visita a Juneau. Además, aquí no tenemos personal y por esa razón cada huésped debe colaborar con una actividad.” A renglón seguido extrajo una lista de quehaceres y me preguntó: “¿Cuál de estos prefiere desempeñar?”: Era jueves y recordé que tenía una novia que había designado ese día de la semana para que yo pase la aspiradora por la casa. Así fue que durante mi permanencia dediqué, con todo gusto, una poco de mi tiempo a aspirar este hotel amigo llamado: “Juneau Hostel” 

Una fotografía antigua que muestra  un encuentra entre dos  buenos amigos
Anchorage

Anchorage en invierno

Más al norte de la capital se encuentra esta ciudad muy bonita, ubicada en la misma latitud de Estocolmo y San Petersburgo.
La ciudad se asienta sobre una península triangular, rodeada por los Montes Chugach.

El oso polar es un habitante de estas latitudeses

Es una ciudad interior de Alaska donde la temperatura puede alcanzar los -54 grados centígrados, pero durante el verano, incluso, se puede llegar hasta este paraíso de flores y colores en tren.

El tren de pasajeros recorre lugares que ofrecen paisajes  maravilloso


Espero que esta presentación de Alaska les sirva para pasar un buen rato o planificar vuestro viaje. A continuación en el afán de ampliar agrego este magnifico documental en dos trozos de aproximadamente 20" cada uno. 






Fuera llueve, y este forzado encierro alzó mi entusiasmo. Creo que esa fue la razón que me lleva a agregar, a continuación, un par de set de fotografías que ilustran mi paso por la región.




Gracias por acompañarme hasta el final de esta presentación que nos llevó a lo más alto del continente americano. Tocamos Ushuaia (la ciudad más austral del planeta) y desde allí remontamos todo el continente hasta llegar a Alaska. Aquí no se termina el mundo, porque más adelante están los hielos del Polo Norte, pero si terminan todos los caminos que van en esa dirección. De todas formas ustedes no se preocupen porque si no podemos ir hacia arriba vamos a seguir conociendo mundo camino abajo.

Sin más, me despido deseando que tengan un buen reposo hasta que llegue el momento de emprender el próximo viaje.

Vancouver, Canadá


Esta ubicada en el extremo suroeste de Canadá. Hace frontera con los estados Unidos y se encuentra a 141 km de Seattle, desde donde se puede llegar:



· Avión; para uno que viaja con tiempo el pasaje es un poquito caro.

· Tren; un moderno sistema une dos veces al día estas ciudades. El precio es conveniente.

· Autobús; además de ser el medio más económico, cuenta con conexión de internet abordo.

· Barco; este medio tiene un recorrido precioso; el boleto hasta Victoria cuesta 100 dólares y desde esta última ciudad hay que coger el transbordador para llegar a Vancouver. Quién escoja esta opción debe saber que por la incómoda ubicación de los terminales va a sufrir los contratiempos.

Yo llegué aquí en avión, procedente de Manila, capital de Filipinas en el año 2010. El año anterior había sobrevolado la ciudad durante un viaje a Alaska e incluso la había visto muy de cerca cuando el medio perdió cuota para aterrizar en el aeropuerto vecino de Seattle. Vancouver era la única ciudad de toda la costa oeste de América que no conocía —me refiero a la costa desde Ushuaia en Argentina hasta Anchorage en Alaska—. Por si eso fuese poco disgusto para mi espíritu viajero; encontré a otro de los nuestros en Mongolia, que me dijo que la capital de la Columbia Británica, era la ciudad más bonita del mundo. Mi alma echaba humo, mi sangre hervía y con el corazón vacío y la cabeza hueca no hay límites; en esa circunstancias no podía esperar más para verla.

Para hacerlo debía desviarme 10 días de mi trayectoria y agregar al presupuesto 1400 dólares. “El que quiere celeste que le cueste”, eso me dije antes de arreglarlo todo para viajar hacia allá.

Es muy bonita, bien organizada y pulcra, pero al igual que tantas otras ciudades de Norteamérica, tiene tantos vagabundos que ponen en peligro su calificación. 

Ahora para que nadie me acuse de imparcial, de momento, voy a dejar este tema para más adelante aparecer con una presentación que hable del problema sin mencionar ningún lugar en particular.


La ciudad se puede visitar andando, y un buen recorrido es empezar en el estadio, pasar por el barrio chino —ver el jardín— seguir por el Gastown —ver el famoso reloj a vapor— y terminar en los muelles (La guinda del postre). Edificios modernos, parques, paseos, embarcaciones de lujo, curiosas casitas flotantes, y hasta un aeropuerto en el agua. Tanto en Canadá, como en Alaska hay muchas aerolíneas que ofrecen conexiones con hidroaviones.  


Vancouver, fue nombrada mejor ciudad del mundo en el año 2006. Aquí viven muchos inmigrantes, bastantes ricos y algunos famosos, sus playas son hermosas —la temperatura del agua no es de mi agrado— y los alrededoresn, ricos en parques naturales, son preciosos.

Este ángulo de mundo, también, se destaca por la excelente calidad de su  espectáculos, la alta afluencia al casino y glamour de sus lugares nocturnos.

Telesferico
Este medio conduce a sus pasajeros hasta la cima de la montaña Grouse donde las vistas son maravillosas. En toda el área la fauna y la flora son imperturbables y allá arriba podemos contar con las facilidades que nos ofrece el restaurante.

Puente Capilano

Es el puente colgante más alto del mundo, una obra de ingeniería que agrega belleza sobre la belleza de la Naturaleza y caminar sobre la estructura es realmente emocionante.


Voy a utilizar un mapa único para todo Canadá, donde la ubicación de Vancouver, argumento de esta presentación, está indicada con un banderín de color amarillo.

 Canadá 


Para ver el siguiente set fotográfico es conveniente, después de poner en marcha el reproductor, llevar las  las imágenes a la modalidad pantalla completa con el botón de la derecha.

Sanya, en la isla de Hainan, China


Para realizar proyectos racionales siempre hay un camino que lleva al desarrollo. Pero cuidado porque hay situaciones donde influyen muchos factores que lo  ponen muy difícil.


Curiosidades del viaje
Venía muy golpeado pero como de costumbre mantenía la calma porque creía que peldaño a peldaño al final de la escalera abrazaría la gloria (parece exagerado pero no lo es porque este tipo de experiencias representan un desafío "contra uno mismo" en un medio desconocido). Ahora a tiempo pasado recuerdo aquellos momentos para plasmarlos en esta presentación y en los puntos que ahora sonrío antes me cagaba en todos los muertos —exagero en lo que escribo para dimensionar los hechos porque, no importa qué tan duro sea el camino o cuán sufra, jamás insulto por causa de las situaciones que yo mismo creo o me busco. Y sí algún día llego a ese extremo será el punto final de un libro llamado: "Aventurero".
Dejen que les cuente como llegue a este paraíso que con justicia viene llamado: "Hawaii de Asia".
En una playa de Camboya donde hay mucha fiesta encontré a un australiano, buena persona, entre paréntesis, y muy pasado de rosca. En otro momento les voy a contar aventuras, de este muchacho que se rapa la cabeza porque le gusta que le llamen pelado, dignas de caer en manos del mejor productor de cine. El me dijo que viniese y yo cuando algo me entra bien por los oídos lo llevo a cabo. Pero desde ya les anticipo que no fue fácil; el argumento es un poquito repetitivo y pesado por esas razones si les aburro me dejan. Prefiero que no me lean a darles el coñazo,ahora  para los que me siguen precedido de un agradecimiento llega el desarrollo.
Cuando intento evitar algo que deseo, dentro de mí se produce un cortocircuito que desprende un energía que intenta hacerme pagar por lo que hecho. De más está decir que mi naturaleza me lleva a evitar este tipo de situaciones pero a veces es como que mi otro Yo encuentra motivos validos para hacerme cambiar el rumbo y, entonces, puede pasar lo siguiente: “El viaje por el norte de Asia, sin dejar de ser emocionante, se había puesto muy duro y yo quería despedirme de esta parte del mundo coronando con otro tipo de sensaciones. Entonces había planeado pegarme la última fiesta en dos puntos distintos antes de pasar por Vancouver —única ciudad importante de la costa este de América, desde Ushuaia a Alaska, que no conozco— antes de llegar a Costa Rica, donde a pesar de que voy con otro motivo allí va a seguir la fiesta.
Desde Ulaanbaator volé a Hong Kong y allí empezaron los problemas. Voy a la agencia de siempre a sacar la visa para China y me dicen que cuesta 150 euros. “Sí quieren dinero que vayan a trabajar. ¡Atorrantes!”, eso fue lo que pensé. Viajo sin obligación y no acepto ningún tipo de estafa. Sin resultados vuelvo a ganar la calle, llovía torrencialmente y cargaba 2 mochilas. En ese momento me tocan la espalda me giro y sorpresa. Era Mario, un suizo que me presento unas muchachas en Pekín. Después de los saludos, le cuento lo ocurrido, él me aconseja coger personalmente el visado y me explica donde está la embajada. De todos modos ya era tarde y necesitaba refugiarme de la lluvia, entonces, a la ligera le comento mis planes y nos despedimos. Él, sigue camino y quien escribe entra en un restaurante de comida rápida, pide un menú, se conecta a internet y coge un vuelo para Filipinas cuando la idea original era viajar a Sanya en China.
Pase la tarde despreocupado surfeando en la web en el aeropuerto y cuando llegó el momento me dirijí al mostrador para hacer mi check in. ¡Qué iluso!
Cuando llega mi turno —lo que nunca en una aerolínea de bajo costo— me piden boleto de salida del país. ¡Mierda! Tenía poco tiempo y necesitaba solucionar el inconveniente para viajar. El dinero siempre es capaz de comprar una solución y situaciones de no poder embarcar, en mi vida, ya había superado un buen puñado. Estaba tranquilo nunca había fallado y tenía una forma de resolverlo. Extraigo mi portátil y me dispongo a fabricar un boleto de salida cuando me quedo sin batería. Les pido que me dejen tomar electricidad y se rehúsan mientras yo sabía que en toda la terminal no había una toma de corriente a la vista.
En resumidas cuentas perdí el vuelo, mi dinero y estaba sin reserva hotelera a las once de la noche. Hablaba solo y me pedía calma. Seguía lloviendo y bajo el agua llegue al hotel que por allí frecuento. No había habitaciones y tuve que aceptar que me consigan un sitio a cualquier precio.
Desde que era niño que no era primero en nada. Ese viernes fui el primero en la embajada pero esa posición no me sirvió de nada porque me dijeron que la visa no la podía recoger el mismo día. ¡Ahhh! Fin de semana forzado en Hong Kong. Las vueltas de la vida son increíbles y esa misma noche me encontré otra vez al mismo suizo que iba camino a ver el show de luces más grande del mundo sobre los edificios que forman el Skiline de la “Perla de Asia”. Ahí nos embalamos y, no paramos, a la madrugada lo perdí en una discoteca y yo que conozco bien la ruta me anime hasta que en un local me sorprendió la tarde, del día siguiente. A mal tiempo buena cara vieron que rápido que pasó el fin de semana. El lunes volvía a ser primero, está vez, en la fila para recoger mi pasaporte, pague 40 euros y estaba en camino. Llovía, cuando antes del medio día logré cruzar la frontera. Sabía que había un autobús de Shezhen a Sanya que salí a las 3 pm pero en las ciudades chinas hay muchas estaciones y sin estar preparado con los nombres escritos en chino para que los taxistas los entiendan las posibilidades de llegar a tiempo para coger el medio se reducían a mínimos. Entonces pensé hacer el trayecto en tren y como en la ventanilla no entendían donde iba acepte coger un boleto para el rápido a Guangzhou, ciudad que estaba en el camino. Allí llegué con faena; tenía que comprar otro boleto y para hacerlo debía salir de la estación y volver a hacer una fila de las que se forman en China. ¡Terrible! Cuando alcanzo la ventanilla me dicen que los tickes para Sanya estaban todos vendidos para los próximos 5 días. ¡Remierda!
Salí de allí sabiendo que tenía que alojarme pero no estaba preparado para hacerlo, no tenía reserva, recordaba un sitio pero no recordaba de que manera llegar y mucho menos el nombre. De esta manera es imposible pedir ayuda. Estaba perdido pero no desesperaba porque había parado la lluvia y por algún sitio iba a salir la Luna. 
Era media hora que cargaba 26 kilos de peso y las mochilas me daban fastidio cuando se acercó un tipo con unas fotografías en la mano ofreciendo alojamiento. Después de tanto insistir al menos había aprendido a pronunciar el nombre, entonces, le dije: “Hotel no. Quiero ir a Sanya”, fue como frotar la lámpara. Cuando este con mala pinta escuchó el nombre de destino extrajo del bolsillo una tarjetita arrugada que decía cosas en chino y tenía el dibujo de un autobús. Él me hace entender que es el medio me llevaría a destino y me pide que le acompañe. En otras circunstancias no lo hubiese hecho, sobre todo después de verle cruzar miradas y señas con otros de malas caras. De todas maneras, mis necesidades guiaban la barca que estaba obligada a seguirle. No iba ciego y controlaba minuciosamente el terreno con la idea de abortar si las cosas  escapaban a mi agrado. Pero no aparecía el peligro y la situación me hacía pensar: “Sí esto sale bien lo voy a recordar como el día que gané la lotería”. Giramos en una calle y vi un cartel donde decía Sanya en caracteres chinos y mostraba una playa que yo conocía por fotos. La cosa empezaba a pintar bien pero en el sitio no había autobús ni pasajeros y me pedían que pague el pasaje. Yo, por mi parte, les decía que pagaría cuando vea el autobús y así discutimos hasta que se cansaron y me dejaron a mi bola. Más tarde empezó a llegar gente y desesperado pedía pagar por miedo a quedarme sin un espacio. ¡Qué idiota! Era una empresa ilegal y cargaba cuantos sean necesarios. El autobús tiene 38 camas y cuando se completó, con terciado cubrieron los espacios vacios entre las hileras y duplicaron la capacidad del medio. ¡Por fin nos pusimos en marcha! Parecía que lo había logrado, pero qué lejos estaba de conseguirlo. Envasados como sardinas dentro de un bólido que corría como un coche de carreras por la carretera a las 5 de la mañana llegamos al extremo continental donde cogimos un trasbordador. 


El cruce desde el continente
A penas pisamos la isla de Hainan el autobús terminó su trayecto y nadie continuaba hacia Sanya. Entonces yo, con un boleto que no decía nada, discutía con el conductor que no me entendía. Pero mi espíritu había logrado llevarme donde yo deseaba y estaba iluminado. Energías llaman a sus pares y en ese instante la única persona que me había visto comprar mi boleto apareció por allí y creo que le dijo chófer: El italiano, pagó su boleto hasta Sanya. Segundo milagro pero en ese momento yo todavía no sabía que se había producido. Me hicieron volver a subir al medio, estaba empapado y, por fortuna, las mochilas llevaban impermeables.
Ellos, no eran de allí y no conocían bien la ciudad. Hicieron algunas llamadas y luego discutieron la forma de llevarme a una estación de autobuses de larga distancia. Había llegado a un sitio y a pesar de los contratiempos yo estaba muy contento porque allí me dejaron con uno que parecía que me iba a sacar un boleto. Pensaba: Aunque tenga que pagarlo no deja de ser un chollo, porque la maniobra a mí me hubiese llevado un arduo trabajo. El pobre hace la cola como todos y cuando llega su turno parece que le dicen: “No hay más sitio”.


Otra vez en la calle llovía y el muchachito estaba como una esponja en un lago. Cogimos un taxí y, media hora más tarde, yo que había viajado en un autobús repleto y un transbordador todo podrido me encuentro con una estación de ferrocarril que algunos países no la tendrán ni cien años. En el lugar, esta persona coge un boleto me lo entrega y me dice algo así como: “Servido caballero”. Minutos más tarde monté en un tren que tocó velocidad punta en 251 kilómetros, y en tan solo un par de horas me llevó a destino. Lo peor había pasado, tenía una reserva y había un sitio de información turística, entonces, para facilitar las cosas le pido a la muchacha que me escriba el nombre de mi hotel en chino para enseñarle el escrito al taxista. Chino escribía, pero ingles no leía y puso cualquier cosa. Yo conocía la ubicación en el mapa y sabía que habíamos equivocado camino pero como el costo de la carrera es de risa, deje que conductor prosiga hasta que llegamos a un sitio. ¿Y ahora? ¡Aquí no es!, le dije y eche mano a mi máquina de fotos donde llevaba una imagen de la página de la reserva. Realmente no esperaba encontrar nada, pero en el sube y baja de la aventura me volvió a sonreír la suerte vestida de número de teléfono. El conductor llamó, le indicaron el camino y cuando llegué al hotel me dijeron: “¡Bienvenido! ¿Como estas?”. Y yo contesté: “Estoy bien pero llegar hasta aquí no fue nada fácil”.


Tabla de tiempos 
4,30 hrs de avión.
4,20 hrs en dos trenes de alta velocidad.


3 hrs de transbordador.
10 hrs de autobús.
45” de MTV y otros medios urbanos.
Parece que siempre estoy trabajando. Dejé mis cosas, tomé una ducha y salí a buscar cosas. Necesitaba imprimir una página y mandarla a mi banco por fax para hacer una transferencia de dinero. No conseguía quien mande un fax internacional, preguntaba buscando un locutorio y un señor de buenas ideas, qué vaya a saber qué entendió, me mandó a entrar por un pasillo. Hay no sabía ni lo que era un fax. Mientras yo que desde el primer momento supe lo que allí hacían, hice como los Tres Chiflados cuando caen vestidos a la bañera y uno le dice a los otro: “Pero hoy no es sábado”. Y Mou, el más despabilado responde: “¡Qué importa! Ya que estamos aprovechamos”. Y Así hice yo que pasé del fax y entré a tomar un mansaje.
Con el cuerpo a gusto y la mente en forma seguí camino, pasé por el Correo, China Telecón, una docena de hoteles y nada. De todos modos tengo que decir que entraba a los complejos de lujo y dejaban a atender sus clientes, que esperaban para registrarse, para intentar mandar mi página. Del trato ni hablar, nada de esperar, se abrían todas las puertas y entraba en los despachos de la gerencia como un amigo de la casa. Linda experiencia pero el sistema no respondía. Regresé al hotel sin darme por vencido continuaba buscando una manera de lograrlo. Después de tanto insistir encontré un sitio donde tú le envías un archivo por correo electrónico y ellos lo reenvían por fax. Entonces, cogí una fotografía de la página en cuestión, la bajé a mi ordenador, la envié y 20 minutos más tarde me contestaron de mi banco: “Su transferencia ha sido enviada con éxito”.


Sanya
Es un sitio moderno donde la primavera es eterna. Me dicen la gente que todo ha cambiado muy deprisa; ahora complejos privados, hoteles de lujo y edificios de estilos únicos mimetizan la esencia de un pueblo de pescadores que todavía perdura en los barrios. La playa principal, donde he visto los cocos más grande del mundo, es extensa, muy hermosa y su infraestructura de vanguardia la coloca en la cima de los lugares de baño. Hay un refrán que dice: "Dios le da pan a aquellos que no tienen dientes". En Sanya la playa es muy bonita pero carece de espíritu porque a los chinos no les gusta exponerse a los rayos del sol y por esa razón el paraíso permanece desierto a la espera de que alguna jovencita —luciendo sombrilla, sombrero de ala ancha, en ocasiones guantes de encaje y en muchos casos tacones— pose para una foto. Solo con ese fin pasean por los caminos dibujados entre palmeras y plantas de flores a un lado de la arena blanca. Falta el murmullo, los castillos de sabia, los juegos de pelotas, sus nadadores y el movimiento que es otro de los componentes del alma de una playa.

La  playa principalmente se utiliza como escenario fotográfico


De momento llegan muy pocos extranjeros pero no me cabe la menor duda de que aquí todos pueden encontrar lo que buscan.
Excelente comida, hay cientos de restaurantes de pescado y mariscos y uno en particular que tiene capacidad para más de 500 cubiertos.
Diversión no falta, incluso no hace falta esperar a la noche para meterle al cuerpo marcha. Para mí van a ser 8 días maravillosos donde encontré todo lo que quería, a pesar de estar empeñado en mis tareas (reserve hoteles en 8 ciudades, compre un boleto de autobús de larga distancia y conseguí confirmar mis próximos 10 vuelos. Ahora por un par de meses estoy hecho).


En las siguientes  3 fotos vemos como mientras algunos excéntricos después de sus vacaciones abandonan sus veleros otros de menos recursos motorizan sus balsas para poder desarrollar la pesca



Definitivamente el sitio no lo recomiendo a aquellos que todavía tienen mucho por conocer, pero siendo un viejo zorro advertí algunos movimientos que indican que China podría abrir casinos en esta parte de la isla Hanai, y esa razón es valor agregado para  atraer público. Una cosa es cierta si llegan hasta aquí jamás se arrepentirán de haberlo hecho. Ahora la pelota está en vuestro tejado, hasta el próximo número.