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Argelia

Desde la resiente división de Sudán, este es el país más grande de África y para mí, es otro de los países de mal rollo. Digo esto porque visité Argel aprovechando mi primer stop-over con la compañía rusa Aeroflot en la época que cruzaba el Atlántico con aviones DC10 en terribles condiciones.
Después de aquella fugaz visita, regresé para cruzar el desierto del Sahara rumbo a Níger y en la frontera con Túnez me bajaron del tren que entraba en territorio argelino. De todos modos, no me di por vencido y en varias ocasiones solicité un visado que siempre me fue denegado aludiendo que no podían garantizar mi seguridad dentro de sus fronteras. (Menuda mierda).

Y por si todo eso fuese poco, ahora que existe la posibilidad de obtener el visado, entrar en Níger y continuar por Nigeria rumbo al sur es “casi casi” como firmar nuestra propia sentencia de muerte. No hablo por hablar, y si siguen este mismo enlace sabrán que dos veces me quisieron matar al sur del Sahara.

Lo siento por esta fea introducción, pero sepan comprender que estoy arto de los terroristas y los sistemas que ponen trabas a mi voluntad de conocer el mundo. Ahora sí vamos con la presentación de lo poco que alcancé a ver de Argelia.

Notre Dame d'Afrique
Fue sinónimo de ciudad romántica, con sus casitas blancas que trepan desde la costa y reciben a los viajeros que llegan por el agua. Esta ciudad es escenario de mi quinto libro: “2069 Planeta Tierra”.
Una parte nueva muestra grandes avenidas, y la zona antigua es capaz de erizar de emoción los bellos.


Argel al igual que la mayoría de las ciudades importantes en el entorno del Mediterráneo tiene restos arqueológicos por todos lados, pero los sitios más importantes para un viajero son:

  • La Casbah, el primer distrito en Argel denominado con un nombre árabe, posee edificios del siglo XVII y tres mezquitas muy importantes.
  • Bab El Qued, es un barrio muy popular ubicado junto a la Casbah, distinguido por los tres relojes y por su mercado Tríada.
  • Kouba, fue un pueblo que tuvo un gran desarrollo en la época colonial francesa y en la actualidad es un barrio de Argel.
  • Basílica de Notre Dame d´ Afrique, fue abierta en el año 1872, se sitúa en la zona norte de Argel y allí dentro se desarrolla una escena emocionante de mi quinto libro.
  • El Museo del Bardo, ubicado dentro del edificio que perteneció a una mansión turca y la Biblioteca Nacional de Argelia: ubicada en el que fuera un palacio turco edificado en 1800, son otros dos sitios que merecen una visita. 
Vistas del desierto de Argelia

Túnez

De nombre oficial “República Tunecina”, es el país más pequeño del Magreb, ubicado entre las estribaciones orientales de la cordillera montañosa del Atlas y el mar Mediterráneo.

El desierto del Sahara, penetra con fuerza en su territorio, pero no puede con más de la mitad del país que posee suelo fértil y adecuado para la agricultura.
Túnez tiene 1.300 km de costa y limita con Argelia al oeste y Libia al sur este.

Este país es pequeño, rico en historia, bastante seguro, y muy económico, por todos estos motivos recorrerlo puede ser un sueño.


También, es el nombre de su legendaria capital cuyos orígenes se remontan al siglo V a. C. 

Yo, llegué procedente de puerto de Trapani-Sicilia al puerto tunecino de La Goleta y nada más desembarcar, lleno de emoción, comenzó mi aventura.

Uno que viene de lejos disfruta descubriendo cosas cotidianas; las delicias de su arte culinario, el ambiente de las cafeterías, la belleza de su gente y la sonrisa de los niños.

De esta ciudad me sorprendió “La Medina”, (declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO).
Kazba, zona roja

Un lugar de callejuelas y pasadizos cubiertos que contienen el inmenso bazar, que alberga a cientos de tiendas, da cobijo a un buen puñado de artesanos y se muestra con más de setecientos monumentos, distribuidos en palacios, mezquitas, mausoleos, madrazas y fuentes de los períodos de almohade y hafsí. También hay una curiosa zona rosa.

Monumentos importantes

  1. La Gran Mezquita, con la Universidad Musulmana.
  2. La Mezquita Zitouna (Mezquita del Olivo), construida en el año 723 para celebrar la nueva capital.
  3. Dar-al-Bey o Palacio del Bey; muy ecléctico tanto por su arquitectura como por sus decoraciones y, además, se cree que se alza sobre los restos de un teatro romano y del palacio de Ziadib-Allah II al Aghlab del siglo X.
  4.  Dar Ben Abdallah, palacio del siglo XVIII que alberga el Museo de Artes y Tradiciones Populares de Túnez.
  5. Palacio Dar Hussein, residencia de príncipes y beyes.
  6. Mausoleo real Tourbet El Bey.
  7. Numerosas puertas, que se abrían en el muro que rodeaba la medina, hoy en gran parte desaparecidas con el muro.
Realmente todo esto que he enumerado es precioso, pero cuando yo dije que me sorprendió me refería a que era la primera vez que veía en una ciudad musulmana un barrio donde se ejerce libremente la prostitución.


Cerca de Túnez, podemos visitar las ruinas de Cartago; Patrimonio de la humanidad declarado por la UNESCO.



Esta antigua ciudad fue fundada por los fenicios procedentes de Tiro, (ciudad que actualmente pertenece al Líbano).  
Con la fuerza y la seguridad que se concentraba en esta ciudad los cartagineses se hicieron con el control del Mediterráneo, hasta que los romanos decidieron oponerse a tal poderío y, entonces, se desatan las Guerras Púnicas que finalizan en el año 146 a. C. Cuando las fuerzas de Roma toman Cartago, no dejan ni un solo edificio en pie y no conformes con la victoria, por si todo eso hubiese sido poco, desparraman miles de toneladas de sal para que nada más pueda crecer en el lugar.

Que en la antigüedad formó parte de un dispositivo de defensa de las costas de la región, es un ejemplo característico de las ciudades construidas en los primeros siglos del Islam, que todavía conserva la kasba, las murallas, la medina con la Gran Mezquita, la mezquita de Bu Ftata y la típica rábida. Susa es, también Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO y está muy bien preparada para recibir al turismo.


Un poco más al sur de Susa vamos a encontrar a esta preciosa ciudad costera muy agradable para hacer una visita.

Mahdia


Es una ciudad de la costa oriental tunecina, que en la antigüedad fue capital de los ziríes que la hicieron un importante centro de piratería y comercio. Mientras que en la actualidad es un atractivo centro turístico donde abundan los resort, las salas de spa y los salones de belleza, también hay un curioso bazar y un poquito de marcha.

Thysdrus
En esta ciudad se encuentra el anfiteatro El Djem, Patrimonio de la Humanidad declarado por la UNESCO y mayor anfiteatro romano de África.

En este escenario tunecino se rodó la película “Gladiador”.



Siguiendo hacia el oeste por el oasis de Gabes, a 20 kilómetros se llega a Matmata, célebre por sus casas trogloditas.
Esta ciudad invisible, por estar bajo la superficie del terreno, se localiza en una pequeña cordillera y sus habitantes, en su mayoría beréberes, han construido las viviendas excavando la arena arcillosa, buscando temperaturas más agradables y constantes.

Las cuevas se disponen en círculos alrededor de un foso, con una profundidad de 10 a 14 metros. Y pasar al menos una noche en uno de los hoteles de este tipo es muy agradable.


Fue otra agradable parada en mi camino en busca del desierto.



Es la mayor ciudad del sudeste de Túnez.
Algunas partes de las películas Star Wars episodio IV: “Una nueva esperanza” y “Star Wars”, episodio I: “La amenaza fantasma”, fueron rodadas aquí, más concretamente, aquellas escenas localizadas en el planeta Tatooine.
La ciudad también aparece en el segundo episodio de la cuarta temporada de la serie de televisión estadounidense “Lost”, titulado "Confirmed Dead".

Cerca de esta ciudad, comenzaba la línea Mareth, una serie de fortificaciones creada por Francia y usada por Alemania para protegerse del ataque inglés durante la II Guerra Mundial.

Tozeur y Douz
Son puertas del desierto. La primera; ubicada en mitad del desierto de Sal, es capital del Jerid y cuna de una civilización milenaria como la bereber. Puro hermetismo y misterio, que nos envuelven para regalarnos una experiencia inolvidable.

Desde la segunda parten excitantes excursiones que nos llevan a recorrer dunas de esas que solemos encontrar en los mejores escenarios del cine.

Tatouine
A 50 kilómetros de Médenine, encontramos a esta pequeña población que sirve de punto de partida para visitar otros pueblos de los alrededores.

Hasta aquí llegan los beduinos para comprar y vender todo tipo de mercancías como los populares barnús, echarpes de color rojo realizados a mano con atractivos diseños basados en sus propios tatuajes beréberes. También hay mercadeo de camellos y otros animales.


A los 10 millones de km2, del desierto del Sahara los nómadas le denominan el “Gran Vacío”, porque siempre se muestra como un reto para el viajero.

En las más remotas áreas de este lugar, donde se suceden las llanuras pedregosas y los campos de dunas, viven numerosas tribus nómadas que una vez al año se dan cita en los alrededores de Tataouine para intercambiar cabezas de ganado, celebrar bodas, rituales mágicos, carreras de caballos y ejercicios de tiro en mitad de un paisaje tan singular como fascinante.

Este fue mi recorrido por este país interesante que quiero ampliar con un excelente vídeo.



Mapa 


A punto de morir en el Continente Negro


Los hechos ocurrieron hace más de 2 décadas pero situaciones de este tipo no se olvidan.
Los que leyeron mi presentación de: “La aventura de coger un tren”, saben que me dirigía a coger un barco que cruzaba el Mediterráneo con destino a Túnez - África. En el puerto de Trapani - Sicilia me sentía enorme. Subí a la nave e hice el viaje tomando el sol de primavera en cubierta.
Túnez, estaba hermosa y supo regalarme buenos momentos; cuando encuentre un espacio voy a hablar de este y de todos los demás países de África que conozco.
Volviendo al viaje:
En aquel momento yo no conocía África Subsahariana y pensaba que viajar por allí iba a ser un pelín más complicado que en Sudamérica. ¡Qué iluso!
Mi programa era ambicioso; pensaba cruzar el desierto del Sahara y seguir camino a Ciudad del Cabo en Sudáfrica pasando por todos los países del lado oeste del continente para más tarde subir visitando los ubicados sobre el lado este y algunos del centro.
Cuando terminé de visitar Túnez mi mente podía ver el horizonte más allá del Cabo de Buena Esperanza, incluso podía ver como se mezclaban las aguas del Atlántico y el Índico. Pero para llegar a tocar el faro que ve pasar los barcos en el punto más extremo de África me faltaban 7900 kilómetros en línea recta; equivalentes a unos 16000 siguiendo mi recorrido.
Las distancias no son un problema para un viajero con dicha buena. Solo que mi dicha no era buena. Cojo un tren de Túnez capital a una ciudad de Argelia todavía muy lejos de Argel capital del país vecino y punto de partida de la etapa que incluía cruzar el Sahara en dirección a Níger. Tanto calcular la mejor manera de atravesar el desierto, todavía hoy recuerdo la ruta de memoria, para nada. La policía  me bajo del tren en la frontera. “Sin visa no puede continuar”. Fueron sus palabras y fue inútil intentar explicar que los italianos no necesitaban visa para visitar Argelia. Pensé que era un contratiempo, viajando hay miles de ellos. Regresé en autobús a Túnez y al día siguiente me presenté en la embajada donde me dieron un golpe terrible; dijeron que no me daban el visado porque eran incapaces de garantizar mi seguridad en el país.
Fue como cerrarme la puerta de mi viaje en la cara. Pensé: “No pasa nada porque un intrépido viajero debe saber sortear barreras”.
Tenía fuerza para seguir adelante y para poder hacerlo le di un tijeretazo a la parte del mapa dónde aparecía el desierto del Sahara y volé por una cifra abusiva a Dakar capital Senegal.
Yo no hablo, ni entiendo francés pero lo que está escrito lo puedo leer con naturalidad. En el hotel había un periódico en ese idioma donde decía que se habían intensificado los ataques a extranjeros y recomendaba que no se alejen del centro. Lo leí en un minuto y lo olvidé en dos. Días más tarde, después de haber visto todo lo que me interesaba estaba listo para seguir camino hacia Gambia, país siguiente. La distancia no era excesiva pero como los caminos estaban en muy malas condiciones para llegar temprano salí del hotel antes de que amanezca. Llevaba poco peso, las calles estaban desiertas y yo caminaba despreocupado viendo que me tenía compañía la luna. Cuando llegué a lo que parecía una avenida me faltaba un kilómetro. En condiciones normales para un caminante esa distancia no es nada pero allí y en ese momento esa distancia era la diferencia entre la vida y la muerte.
Tres hombres delgados cruzan la línea de tránsito y vienen hacia mí. En lugares remotos la gente es curiosa y se acerca para de alguna manera comunicar. No era el caso de estos tres bandidos y yo que lo supe desde el primer avistamiento lo confirmé cuando comprobé que ni siquiera hablaban francés. Les recuerdo que esto sucedió hace mucho tiempo y les garantizo que no ha cambiado nada; esta gente es muy ignorante y piensa que un forastero lleva su mochila llena de dinero.
Iban a atacarme pero se demoraban, yo ganaba metros y cada instante valía oro. No había intento de comunicación conmigo y pocas palabras cruzaban entre ellos. Me seguían y, con el rabillo del ojo, veía como cambiaban posiciones. Esperando lo inevitable tuve tiempo de prepararme. Antes de la terminal de autobuses había una gasolinera, la veía, tan cerca y tan lejos. Llegar hasta allí era mi salvación pero no iba a ser fácil porque desde mi flanco izquierdo me golpean con un revólver en la frente. En chichón me duró un par de semanas pero el golpe no logró derribarme y por quedarme de pie otro de los malvivientes me lanzó una puñalada. Giré veloz y el cuchillo que iba dirigido a mí se clavó en la mochila. Hoy lo recuerdo y sonrío cuando mi mente repasa escenas de Hollywood donde pelean y no se le cae el sombrero. Yo me defendía sin bajar de mi espalda la mochila. Cargar con ella no impidió que logre coger a uno por detrás y aferrarlo con mi brazo por su cuello de manera de usarlo como escudo. Era alto pero liviano, tal vez, lo sentía así porque el miedo crecía mi fuerza. Después de la captura caminaba hacia atrás y lo interponía a los otros que venían con las armas. Calculo que el del revólver no tenía balas porque nunca colocó el dedo en el gatillo, sino que la usaba como una piedra para golpearme. Sin duda me jugué la vida y tuve suerte de que mis atacantes tenían muy poco cerebro porque al que yo llevaba a la rastra le hubiese bastado con aflojar las piernas y dejarse caer para dejar de cubrirme de los ataques de sus compañeros. Reculando me acerqué a la gasolinera, a gritos llamé la atención y así logré que vengan dos guardias con machete. Los que estaban libres corrieron y antes de que llegue mi auxilio solté al prisionero porque prefería que escape a tener que perder el día en la central de policía. No sangraba pero me dolía mucho el golpe en la cabeza. De todos modos, sin detenerme llegué a la terminal y abordé el primer autobús que partió a las cinco de la mañana.
Si moría iba a ser por mi estúpido orgullo porque dentro de la mochila no tenía absolutamente nada de valor, y si la arrojaba al suelo estoy seguro de que nadie hubiese impedido que, sano y salvo, me aleje. Pero en momentos extremos en forma equivocada uno suele sacar la fiera que lleva dentro y piensa que solo si le matan le van a quitar algo que le pertenece.  En situaciones de este tipo, hay que actuar con frialdad y tener muy presente que el orgullo no vale más que la vida.   
El viaje continúa; atrás quedan algunos países, había vuelto a ganar la confianza y en Lagos – Nigeria, despreocupado paseaba por la boca del lobo. En realidad era un mercado. Estaba a gusto porque su idioma es el inglés y no tenía problemas para comunicarme. Miraba cosas sin ánimo de comprar nada cuando se acerca un listillo y me dice que le dé 100 dólares. Otro de mis grandes fallos, pero soy así y no puedo evitarlo. Adoptando medidas de seguridad iba vestido de africano y descalzo. Hubiese bastado responder de buena manera: “Lo siento pero no traigo dinero”, y allí hubiese terminado todo. Pero Diego Siciarelli, es un mal político y la respuesta que llegó de la mano de sus diablos hizo que el interesado en el dinero comience a gritar: “Este que está aquí odia a los negros y forma parte de una organización de blancos que quieren exterminarnos”. Lagos es la ciudad más superpoblada de África y está frase, que repetía una y otra vez desesperado, movilizó a cientos de personas que por una u otra razón esa mañana estaban en aquel escenario. En ese momento identifiqué dos grupos; los que venían hacia mí con los ojos llenos de odio y los que se acercaban sin expresar nada. Un instante más tarde todos me golpeaban; con la mano, los pies y con varas. Caí al suelo y me estaban matando cuando al mejor estilo de “Superman”, un taxista, junto a un grupo de colegas, logró llegar hasta mí, me alzó y me llevó hasta su coche que sirvió para alejarme.
Pobre mi padre, repetir tantas veces enseñanzas que no encontraron destino. Exagero, de muchas instrucciones me acuerdo. “Los errores se pagan decían él”, y aquella vez me toco pagarlos: “Pedía 100 dólares y hablando de buena manera hubiese seguido el paseo sin abonar esa cuota y mi  rebeldía hizo que no pagué ese dinero pero  mi sensatez me obligo a regalarle el doble al taxista que me salvó la vida.
Cuando llegué a mi cuarto de hotel me desvestí y encontré que tenía todo el cuerpo de colores por los magullones, violetas, negros, bordo, morado y algunos tonos amarillos como jamás había visto. Tampoco faltaba el rojo de sangre seca y todavía hoy me queda una cicatriz pequeña arriba del ojo derecho.
Así es la vida y son cosas que pasan.
Ruego que nadie siga mi ejemplo y le pido a todos aquellos que se ven obligados a afrontar situaciones de este tipo, que busquen la solución de la forma más sensata posible.

Sin ningún rencor admito que me pudo el miedo

Después del segundo traspié en el mismo viaje, ya no era lo mismo y mis medidas de seguridad crecían demasiado el presupuesto. Entonces, con mucha pena decidí suspender el viaje y fue una de las desilusiones más grandes de mi vida. Pero África no iba a poder conmigo, ya les hablé de mi orgullo y, ahora que me conocen demás está decirles que prefiero morir a pasar por cobarde.  Entonces, modifiqué mi forma de viajar en el Continente Negro y regrese 5 veces. Mano a mano, voy a hablar de grandes desafíos y situaciones complicadas. Hoy puedo decir que conozco más de la mitad del África y no estoy interesado en pasar por todos sus países porque hay lugares donde cruzas las fronteras y no cambia nada. Por esa razón esta parte del mundo yo la divido en zonas. Eso no quiere decir que no esté en deuda y tan pronto como me dejen entrar en Argelia voy a cruzar el desierto. En situación parecida tengo pendiente de solucionar mi visita a Libia y para el año  2012 tengo en programa llegar a Eritrea, Etiopía, Djibouti, tal vez, Sudán, Sudán del Sur y Chat. (Incluir a los últimos 3 países en este viaje va a depender de las posibilidades que encuentre en Libia para seguir hacia el Sur)
Hay un refrán que dice: “No hay dos sin tres”.
En el año 2011 viajé a Brasil; llegaba el carnaval e iba a pasarlo junto a un grupo de amigos en Recife, entonces, para llegar mejor entonado hice un alto en Salvador de Bahía y me hospedé en el barrio de Pelourinho, reino del espíritu del carnaval. Dicen que el lugar es peligroso pero yo lo veía tranquilo. El colorido era maravilloso y me lo estaba pasando bomba. Iba venía por esas callejuelas bien iluminadas que parecían seguras pero una noche me emboscaron y me dieron un botellazo en la cabeza. Otro golpe que consiguió su chichón pero no pudo derribarme. Esta vez eran dos, botella y cuchillo contra manos vacías pero en esta ocasión el hotel estaba muy cerca y defendiéndome y caminando hacia atrás logré salvar el pellejo.

Take care

Tengan cuidado y recuerden que donde afloja la educación se pierden los principios.